Los trabajadores inmigrantes en Grecia llevan a cabo una huelga histórica
Laura Petricola

ATENAS – Los trabajadores inmigrantes que trabajan en los campos de fresa de Nea Manolada, en la región meridional griega del Peloponeso, donde se concentra un 90% de la producción nacional de fresas, llevaron a cabo una huelga histórica el pasado mes que abrirá el camino a los trabajadores inmigrantes del país en su lucha por sus derechos junto con los trabajadores griegos.

Los trabajadores inmigrantes en Grecia llevan a cabo una huelga histórica

Tras una huelga de tres días entre el 18 y el 20 de abril, los jornaleros volvieron al trabajo con una subida salarial hasta 25-26 euros diarios. Sus salarios eran de 22-23 euros por una jornada completa de trabajo. Los huelguistas se han comprometido a seguir su lucha por un salario diario de 30 euros.

A pesar de que más de 2000 de los 2500 jornaleros de Nea Manolada son inmigrantes sin papeles de Bangladesh, Pakistán, India, Bulgaria, Albania, Rumanía y otros países, respondieron al terror policial y a los crueles ataques de los grandes productores, exigiendo mejores condiciones de trabajo y de vida, así como mayores salarios.

El Frente Militante de Todos los Trabajadores (PAME) ha estado en Manolada durante el último año ayudando a los trabajadores inmigrantes a organizar su lucha y a vincular estos temas a luchas obreras más amplias que se dan por toda Grecia.

El 11 de mayo, fuerzas de PAME de todo el Peloponeso y las islas cercanas se movilizaron en Manolada en una muestra masiva de apoyo a los jornaleros. El lema de la concentración era "¡Trabajadores griegos e inmigrantes juntos en la lucha!". Los grandes terratenientes hicieron algunos intentos por volver a los agricultores griegos contra el PAME y los huelguistas, diciendo que el trabajo inmigrante quita empleos a los griegos.

Los jornaleros inmigrantes en Nea Manolada viven y trabajan en condiciones miserables. Se les obliga a trabajar todos los días, incluidos domingos. Los días sin trabajar son días sin cobrar y bajo la amenaza del despido. Recolectan fresas en invernaderos a 45º (113 Fahrenheit). No hay servicios ni urinarios en los lugares de trabajo: los trabajadores deben utilizar los campos. El único suministro de agua viene de las tuberías que se usan para regar las fresas.

Muchos obreros viven en los invernaderos porque no pueden permitirse alquilar otro alojamiento. Cubren sus improvisadas camas hechas con palets de madera con periódicos y harapos. No hay agua corriente, electricidad ni retretes. Aquellos suficientemente "afortunados" que tienen casa viven con 25 o más personas compartiendo un retrete en casas abandonadas o en almacenes donde pagan 50 euros cada uno al mes.

Los obreros deben pagar de su bolsillo toda la atención médica, a un gobierno que rechaza dar asistencia médica gratuita a los inmigrantes permanentes sin papeles. Es más, tienen muchos problemas médicos por el extenuante trabajo y el excesivo uso de pesticidas y fungicidas sin equipos protectores. Muchos trabajadores crían a hijos pequeños en tales condiciones pésimas y desesperadas.

El gobierno se niega a garantizar los derechos laborales básicos y en su lugar hace todo lo posible por apoyar el "derecho" de los grandes terratenientes por extraer el mayor beneficio posible de ellos. Sólo media hora de trabajo representa el actual coste laboral de un día; las restantes seis horas y media van a los bolsillos del jefe. En términos más claros, de media un trabajador de la fresa llena cinco cajones por hora, de diez cajas cada uno. Cada caja se vende por apenas 3 euros. ¡Hagan la cuenta!

Dados los beneficios implicados, está claro por qué se atacaba a los huelguistas y a los miembros de PAME. Desde el primer día, los huelguistas fueron amedrentados por los jefes. En el segundo día de huelga, tres miembros del Partido Comunista Griego (KKE) presentes para apoyar fueron atacados y heridos, mientras grupos armados asaltaban las chabolas de los obreros. Las amenazas y provocaciones continuaron el tercer día mientras la policía se quedaba mirando.

El tercer día, los terratenientes aceptaron elevar los salarios y los huelguistas volver al trabajo, comprometiéndose a continuar su lucha por un jornal de 30 euros diarios. El KKE exige que los Ministerios de Trabajo e Interior intervengan, aún sin resultado.

La huelga demuestra que los inmigrantes tienen fuerza cuando esa fuerza se canaliza en acción colectiva de masas. El KKE propone un marco de organización y lucha para las necesidades de los inmigrantes y sus familias que incluye la inmediata legalización y derechos iguales en el trabajo, la atención sanitaria, la educación y la seguridad social.

Tomado de Periódico People’s Weekly World / Nuestro Mundo


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Communist Party of Greece, Tuesday, June 03, 2008

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