¿El final de Bélgica?
Herwig Lerouge

A seis meses de las elecciones de junio de 2007, Bélgica aún no tiene gobierno. No hay solución a la vista. Esta situación era predecible. A pesar de que los partidos negociantes (los Partidos Cristiano-Demócrata y Liberal) acuerdan en los temas social y económico, difieren en la forma en que pueden ser implementados de la mejor manera. Los partidos separatistas intentan crear un cansancio entre la población con esta crisis esperando que terminará en el resignado apoyo por la independencia de Flandes. Hoy, la existencia futura de Bélgica se ha vuelto un tema de debate abierto. Sin embargo, una amplia reacción está surgiendo, entre sindicalistas, artistas y académicos, también en Flandes.

¿El final de Bélgica?

Bélgica es un estado federal, consistente en tres comunidades idiomáticas (flamenco, francés y alemán). Seis millones de personas hablan el holandés (flamenco) y viven en la parte norte del país. 3.5 millones hablan francés y viven en el sur (los valones). En la región de Bruselas-capital, la mitad de la gente habla francés en el hogar, y una cuarta parte habla francés y holandés. El 10 por ciento de los votos en la región de Bruselas-capital va a los partidos flamencos. La gente que vive en Bruselas puede escoger si quieren confiar en instituciones de la comunidad flamencas y/o francesas, tales como escuelas y centros culturales. Un gran número de habitantes de Bruselas no son hablantes nativos de alemán o francés. Está también la comunidad de habla alemana, que cuenta con alrededor de 70 mil habitantes.

Cada comunidad idiomática tiene su propio Parlamento y gobierno. Éstos son responsables de controlar la cultura, la educación, y algunos aspectos de la salud pública.

Además de eso, hay tres regiones (la capital Bruselas, Flandes y Valonia) que son responsables de controlar el desarrollo económico, la infraestructura, el ambiente, la vivienda, la agricultura, el transporte regional, la energía y la distribución del agua, así como algunos aspectos del empleo… Éstas también tienen sus gobiernos.

En Flandes, se han fusionado las instituciones de la comunidad de habla holandesa y de la región flamenca.

Las regiones y las comunidades se traslapan pero no coinciden: la comunidad de habla francesa vive en la región valona y la región de Bruselas-capital. La comunidad flamenca se encuentra presente en la región flamenca y también en la región de Bruselas-capital.

También está el gobierno federal, que se encarga de las cuestiones constitucionales, asuntos extranjeros, defensa, justicia, finanzas, leyes laborales, seguridad social y salud pública, impuestos industriales, empleo, inmigración, industrias públicas,…

Esto deja al país con siete gobiernos y parlamentos.

Aumento de tendencias regionalistas

Esta compleja estructura ha resultado de la creciente influencia de tendencias nacionalistas (regionalistas). Hasta los años setentas del siglo pasado, Bélgica era un estado centralizado. Pero a partir de los setentas, se realizaron diferentes reformas institucionales bajo la presión de tendencias nacionalistas especialmente de Flandes, pero también de algunas partes regionalistas de Valonia, con demandas por más autonomía cultural en cada comunidad idiomática y por el control sobre el desarrollo económico local. Esto llevó a la federalización del país.

Los principales partidos políticos son los liberales, socialistas y cristiano-demócratas. En el curso del proceso de federalización, se separaron en líneas lingüísticas. Éstos están complementados por partidos regionalistas como lo es Espíritu, que está aliado al partido social en Flandes, como lo es NV-A, un aliado de los cristiano-demócratas flamencos, y como lo es el partido racista y nacionalista Vlaams Belang en Flandes. Su contraparte de habla francesa es el Frente Democrático de Francófonos (FDF). Los partidos verdes (Groen! Y Ecolo) están también divididos en líneas lingüísticas. El único partido que permanece nacional es el PTB-PVDA, el Partido del Trabajo de Bélgica.

Bélgica es actualmente un estado federal pero sin partidos políticos federales. Aparte del PTB no hay partidos que representen a toda Bélgica: sólo haypartidos flamencos, franceses y alemanes. Un belga que viva en Valonia no puede nunca votar por o contra un político flamenco, aún si este político ha sido su primer ministro por ocho años. Y viceversa. Esto significa que la agenda política de las elecciones federales está más y más influenciada por intereses regionales. En las últimas elecciones federales, los principales partidos flamencos corrieron sobre una agenda demagógica chovinista, y prometieron que si eran electos, defenderían algunos intereses específicos flamencos que no están en los intereses de la comunidad de habla francesa.

Las comunidades de habla francesa y holandesa se han quedado más y más aisladas entre ellas en los últimos 30 años. Ya no hay medios de comunicación compartidos, hay pocas instituciones compartidas y no hay formas de bilingüismo. Incluso los sindicatos han sido afectados por estas tendencias. Recientemente, la unión socialista de trabajadores del metal se separó base en el factor lingüístico.

Una ola de nacionalismo flamenco se ha apoderado de la mayoría de los partidos flamencos en años recientes. Esta es una gran victoria para los partidos separatistas flamencos. Su visión de Flandes –como un pueblo en lugar de una región geográfica- ha tenido una dramática influencia en las políticas del país. “Sentimos que el punto de vista de nuestro partido se está convirtiendo rápidamente en algo cercano a una visión de la mayoría”, dijo Frank Venhecke, presidente del partido fascista Vlaams Belang. “Nuestra óptica está siendo afirmada por los otros partidos flamencos. Así que nuestro partido sólo puede ganar”.

Más aún, para convertirse en el partido más grande del país y obtener el puesto del primer ministro, el partido flamenco cristiano-demócrata CD&V formó un cártel con NVA, un pequeño partido separatista flamenco. Del lado francés, el partido liberal francés MR formó un cártel con el pequeño partido francés de Bruselas, FDF, que es un partido radical de la comunidad de habla francesa en Bruselas. Estos dos partidos radicales francés y flamenco están volviendo las negociaciones mucho más polarizadas.

Pero todos los partidos, ciertamente en Flandes, en diferentes grados, están infectados por este virus chovinista. Los cristiano-demócratas flamencos ganaron las elecciones. Su líder, Yves Leterme, fue, hasta recientemente, el primer ministro a nivel flamenco. Recibió a su nombre 800 mil votos. Él dice ahora que esta gente votó por su explícita agenda flamenca. Ésta es una interpretación muy exagerada. Los cristiano-demócratas están apoyados históricamente por el muy fuerte sindicato cristiano (1.7 millones de miembros). Este sindicato no está del todo a favor de más autonomía para Flandes, y está actualmente haciendo campaña por mantener la solidaridad entre los trabajadores de las diferentes regiones.

Sin embargo, especialmente los líderes jóvenes de este partido, quienes difícilmente conocen a sus colegas de la parte de habla francesa de la misma línea, toman una postura muy nacionalista.

Una agenda escondida

Parecería que la crisis belga tiene que ver con cuestiones lingüísticas. En las municipalidades fronterizas flamencas alrededor de Bruselas, el porcentaje de habitantes que no habla holandés, sólo francés o incluso inglés, es muy alto. Son a menudo empleados bien remunerados, que buscan áreas verdes suburbanas. Los habitantes de habla holandesa de estas municipalidades reclaman que ya no les alcanza para vivir ahí. Pero lo mismo sucede en Bruselas, donde los belgas ordinarios (de habla francesa y holandesa) son alejados de sus hogares por el personal más rico de las instituciones europeas. Los nacionalistas flamencos convierten esto en una cuestión lingüística. Quieren abolir ciertos derechos especiales que fueron obsequiados a los habitantes de habla francesa, que formaban una minoría cuando estas municipalidades eran atribuidas a la región flamenca en 1962. Hay irritación por parte de los belgas de habla francesa en estas municipalidades porque las administraciones locales hacen la vida de aquellos que no hablan holandés innecesariamente difícil. Los políticos nacionalistas flamencos quieren también poner término al hecho de que 19 municipalidades de la región Bruselas capital y las municipalidades flamencas de alrededor de Halle y Vilvoorde, donde mucha gente de habla francesa vive, formen un distrito electoral, llamado Bruselas-Halle-Vilvoorde. En este distrito los habitantes de las municipalidades flamencas pueden votar también por partidos franceses, lo que no es posible en otros municipios. El parlamento flamenco ha demandado la separación inmediata de este distrito electoral, con Halle y Vilvoorde siendo parte de los distritos electorales flamencos. Esto reforzaría el carácter flamenco de estas municipalidades, pero negaría los derechos existentes de las personas de habla francesa en esas comunidades. Algunos políticos de habla francesa no quieren negociar la división, otros lo hacen si los flamencos están dispuestos a renunciar a algunos municipios oficialmente flamencos alrededor de Bruselas que son dominados por habitantes de habla francesa, los que serían agregados a la región de Bruselas capital. Los políticos flamencos presentan este caso como no negociable.

La cuestión tiene alguna influencia sobre la opinión pública flamenca al haber una historia de discriminación hacia el idioma holandés en Bélgica. Cuando el estado belga fue creado en 1830, se proporcionó una Constitución para un Estado unitario donde de hecho el idioma oficial era el francés. Este idioma era visto por la burguesía gobernante, en Bruselas y Flandes, como un factor para alcanzar la unidad nacional. Todas las escuelas, los servicios gubernamentales y municipales, cortes, etc., usaban sólo el francés en documentos oficiales. El francés era la lengua de las clases dominantes, tanto flamencas como valonas. La aristocracia y la burguesía hablaban francés, mientras que la gente común hablaba flamenco, valón, bravante, o varios otros dialectos locales. La demanda democrática del pueblo flamenco era rechazada también por la burguesía flamenca de habla francesa, que usaba su conocimiento del francés y las lenguas locales como un arma para ocupar todas las posiciones oficiales importantes. Así, no había una opresión nacional por parte de una burguesía extranjera, sino una violación de los derechos democráticos del pueblo flamenco por la burguesía gobernante. Esto llevó al “Movimiento flamenco”, mayoritariamente pequeño burgués, que creció en importancia. Este movimiento tuvo éxito (muy lentamente) en imponer la introducción del holandés en la vida oficial del país. Desde los 1930s este problema había sido oficialmente resuelto.

Desde los 60s, hemos atestiguado un reavivamiento del nacionalismo flamenco. Sin embargo, el problema del idioma ha sido un tema menor y un pretexto. El nacionalismo flamenco se ha vuelto la ideología de la nueva burguesía en Flandes que emergió de los 60s conforme la región valona cayó en declive económico y Flandes gradualmente se convirtió en una de las regiones más prósperas de Europa.

A Flandes le va actualmente mucho mejor socio-económicamente que a Valonia. El ingreso per cápita en 2005: Bélgica 27,700 euros, Bruselas 54,905, Flandes 27,300, Valonia 19,800.

Las cifras sobre Bruselas son engañosas. Bruselas tiene mucha gente pobre, pero también muchas compañías cuyos empleados viven en la región valona y, especialmente, en Flandes. La mayoría de las grandes compañías belgas tienen sus oficinas centrales en Bruselas, que es donde las ventas y ganancias son oficialmente puestas en los libros. La tasa de desempleo en 2007: Bélgica 11.8%, Bruselas 20.4%, Flandes 6.9%, Valonia 11.8%.

Éste no ha sido siempre el caso. En 1949, el desempleo en Flandes era del 19.5% contra el 5.2% en Valonia. En los 60s Flandes alcanzó a Valonia. Como todo país capitalista, Bélgica experimenta el desempleo disparejo del capitalismo. Los monopolios tradicionales belgas que controlaban las minas de carbón, el acero y el vidrio belgas, retiraron sus inversiones del sur del país porque se podía hacer más dinero en otros lados, en el norte. Conforme las reservas de hierro en el sur se agotaron, recolocaron su industria de acero en ciudades cercanas a los puertos, como en Gante y Amberes (el segundo puerto de Europa después de Rotterdam). Los costos del transporte eran menores ahí, así como los salarios: nuevas industrias químicas, petroquímicas, fueron atraídas a estas áreas con mucho dinero público. Esto creó una fuerte burguesía de medio tamaño en Flandes con la mayoría de subcontratistas de grandes compañías multinacionales. Las consecuencias fueron dramáticas para las regiones industriales tradicionales en el sur. En Charleroi, Lieja y La Louviere el empleo es actualmente de alrededor del 20%. Lo mismo sucede en muchas áreas industriales tradicionales en Europa (Nord-Pas de Calais y Lorena en Francia, Liverpool y Gales en Gran Bretaña).

La burguesía flamenca quiere romper la solidaridad

Los roles se invirtieron. En el siglo XIX y la primera parte del XX, 750 mil trabajadores flamencos fueron a Valonia a formar una vida. Actualmente, Valonia necesita de Flandes. Dada la desigualdad en el bienestar económico, hay significantes transferencias financieras desde Flandes a Valonia y a Bruselas. La transferencia financiera a través del sistema fiscal y el de seguridad social de los flamencos a los de lengua francesa se estima entre 3 y 6 mil millones de euros anualmente. No hay cifras oficiales. Esto asciende a más de mil euros por persona anualmente, el 3 o 4 por ciento del ingreso flamenco. La mayoría pasa por el hecho de que los trabajadores en las regiones más ricas, donde hay más trabajos, contribuyen más que lo que obtienen del fondo de pensiones, desempleo, cuidados de salud y fondos de prestaciones familiares, que están aún organizados a nivel federal. A la inversa, las regiones más pobres obtienen más de lo que dan, porque, por supuesto, hay más desempleados y gente enferma. Las regiones pobres no coinciden con la frontera lingüística. Hay regiones pobres también en Flandes y regiones ricas en Valonia. Pero los partidos nacionalistas siempre hablan sobre estas cuestiones en términos lingüistas. Se hace referencia a las “transferencias norte-sur”. Estas transferencias no son grandes comparadas a las transferencias inter-regionales en Europa. El sureste de Gran Bretaña contribuye con el 12.6% de sus ingresos a la seguridad nacional. Flandes contribuye con un 3.6%. Las transferencias se hicieron en la otra dirección en el pasado.

Pero agitando este tema, los separatistas flamencos tratan de crear la impresión de que Flandes puede hacerlo todo mejor por sí misma, si ya no tiene “la carga” de estas transferencias. Ellos así esperan crear una base masiva para su agenda separatista. Actualmente, la abrumadora mayoría de la gente, también en Flandes, está contra la separación y un estado independiente flamenco.

Competencias homogéneas

Las reformas institucionales sucesivas han creado también muchas competencias divididas. El líder de la organización de los hospitales católicos se quejó de que un director de hospital era confrontado con 15 diferentes administraciones que tenían que ver con la atención de la salud. Algunas de ellas están al nivel del gobierno federal, otras en el nivel regional, otras en el nivel de comunidad y aún otras en el nivel provincial o comunal. Esto a menudo podía ser resuelto concentrando las competencias en el nivel federal de nuevo. Pero los nacionalistas usan esta confusión para demandar que todo sea llevado al nivel flamenco, para “dar a Flandes los medios de implementar sus políticas”. Llaman a esto competencias homogéneas.

Lo mismo va para la política de empleo. Hay diferentes autoridades que están a cargo de esta área. Una institución federal está a cargo de los criterios y cantidades de las prestaciones de desempleo, de decidir excluir gente sin empleo de estas prestaciones. Una institución regional está a cargo del entrenamiento profesional, de la colocación del desempleado. Esta situación es tomada como pretexto por los partidos burgueses flamencos, incluyendo a los social-demócratas en Flandes, para demandar la transferencia de todas las competencias en esta área a la región flamenca.

Si estas demandas fueran llevadas a cabo, significaría por supuesto la separación del país. No habría más regulaciones únicas de desempleo: un trabajador desempleado en el sur se beneficiaría de una prestación más baja que su colega en el norte. El último podría quizás perder su prestación al año. No se cuidarían a las personas ancianas y enfermas de la misma manera. En Flandes y en Valonia los cristiano-demócratas también demandan más competencias fiscales para Flandes, especialmente el derecho a fijar índices de tasas más bajos para los impuestos de las compañías. Esto por supuesto llevaría a una competencia fiscal entre el norte y el sur y a una espiral descendente de índices de tasas para las corporaciones.

El fondo: la disputa sobre la agenda de Lisboa

Lo que es nuevo y lo que le ha dado un fuerte respaldo a la visión separatista es el hecho de que estas demandas están abiertamente empujadas por una gran fracción de la burguesía flamenca. Ésta es muy abierta en sus razones. Han hecho la lista tradicional de sus conocidas demandas (tasas más bajas para los negocios, aún más cortes en los costos laborales, aún más flexibilidad, más horas de trabajo y más años de servicio de los trabajadores, supresión de todos los sistemas de retiro previos) en la corrida a las elecciones. Quieren una reforma radical del mercado laboral como se propone en la agenda de Lisboa. La quieren en todo el país, pero apuestan que sería más fácil obtenerla ya en Flandes si las políticas del mercado laboral son regionalizadas. Esperan que en Flandes se deshagan de los fuertes sindicatos federales y de la fuerte tradición de la lucha de clases de Valonia.

El empuje hacia una mayor autonomía flamenca no difiere de las mismas tendencias en la mayoría de las regiones más ricas de Europa. Es una expresión de la crisis del imperialismo, donde la competencia se vuelve cada vez más dura y donde los grupos capitalistas más fuertes quieren deshacerse de la mayoría de los logros sociales de la clase trabajadora tan rápido como sea posible. Cuando Urbain Vandeurzen llegó a director de VOKA, la asociación líder de empleadores de Flandes, dijo que quería “un programa de transformación estratégico para Flandes con el propósito de fortalecer su posición económica en Europa”. “Aunque Flandes es una de las regiones más ricas y más competitivas en Europa, nuestra región encara un número de retos externos tremendos, incluyendo los retos de relocación al este de Europa y las nuevas competencias y oportunidades relacionadas con las economías en crecimiento de China y la India”.

En la recepción de año nuevo de su organización en el 2007, dijo también que los empleadores flamencos estaban preparados para tolerar las transferencias de fondos anuales de Flandes a Valonia sólo por 10 años más a condición de que Valonia acordara “que la política completa de mercado sea regionalizada y que por tanto los partidos en Valonia no deberían esperar mucho antes de comenzar las discusiones sobre una nueva reforma de estado. Lo que ha fallado repetidamente al trabajarse a nivel federal debe ser intentado sólo a nivel flamenco: haciendo posibles modernos instrumentos de pago para los directivos de compañías, creando un mayor margen para el desarrollo de competencias y a costos brutos más bajos. Esto es lo que está en apuesta en la reforma del estado. Los negociadores flamencos no deberían estar satisfechos con pequeños pasos en la reforma del estado”.

Otras organizaciones de empleadores en Flandes han dicho ya que quieren deshacerse tan pronto como sea posible de todos los sistemas previos de retiro. Demandaron la introducción en Bélgica del modelo danés de la limitación en el tiempo de las prestaciones de desempleo, lo que no existe en Bélgica.

Vandeurzen también criticó el acuerdo salarial nacional (IPA) concluido por organizaciones de empleadores federales (VBO y Unizo) y sindicalistas. Éste contenía un acuerdo sobre un aumento salarial indicativo del 5% en 2007-2008. Dijo que ese acuerdo mostró que “a nivel federal no es posible para los empleadores tener un espacio de respiro”.

Los líderes sindicales están convencidos de que si las políticas salariales y del empleo son regionalizadas, los empleadores flamencos no aceptarán ya las convenciones regionales o seccionales sino que sólo negociarán a nivel de la industria. Sólo aceptarán convenciones si está en el interés de los capitalistas.

Así, la agenda completa por más autonomía esconde un ataque sin precedentes a los logros sociales de la clase trabajadora en Bélgica. Es una agenda para dividir las organizaciones de la clase trabajadora y para organizar la competencia entre los trabajadores de las distintas regiones. Con diferentes salarios, diferentes sistemas de seguridad social, diferentes índices de tasas, las corporaciones tendrán la libertad de oponer a los trabajadores de una región y la otra, para chantajearlos con la relocación.

Otra parte de la burguesía belga, organizada dentro de la Federación Belga de Empleadores (FEB), rechaza el dar más autonomía a las regiones. Tienen miedo de un periodo largo de inestabilidad política, muchas complicaciones burocráticas y confusión en las regulaciones: uno de cada ocho belgas trabaja en una región distinta a la que vive. Temen que su credibilidad internacional sea dañada. Arguyen que todas las medidas de Lisboa pueden ser tomadas sin todas esas complicaciones. Los partidos burgueses en la región valona apoyan esta perspectiva y señalan todas las medidas que están tomando para llevar a su región al nivel de la agenda de Lisboa: exclusión de los desempleados por mucho tiempo de los beneficios sociales, cortes a las tasas de las corporaciones, acciones contra secciones sindicales combativas… Señalan que la victoria electoral del partido liberal del ala derecha en Valonia puede apresurar la reforma del mercado laboral también en Valonia. Así, la cuestión no está decidida.

Un fuerte movimiento por la solidaridad y la democracia

Cualquier movimiento hacia nuevas competencias regionales es contra los intereses de los trabajadores en Bélgica.

A nivel social

Un final a las transferencias del norte al sur mandará a uno de cada cuatro valones a la pobreza. Cada habitante del sur perderá mil euros por año en promedio. Aquellos que perdieron su trabajo, están viejos o enfermos, serán los más golpeados. Toda la gente en el sur tendrá que pagar contribuciones sociales más altas o impuestos, o encarar una menor seguridad social o servicio público.

Pero aún si el norte se volviera más rico, esto no beneficiaría a la gente trabajadora de ahí. Sus empleadores y los partidos políticos están preparando regulaciones más duras en las prestaciones de desempleo, mayor número de horas laborales, más flexibilidad, un mayor número de años de servicio.

Como la población en el norte envejece más rápidamente, sus pensiones están bajo amenaza sin la solidaridad de la población más joven en Bruselas.

Las industrias flamencas pueden cortar trabajos como consecuencia de un mercado disminuido en Valonia. Un cuarto de las “exportaciones flamencas” va a parar a Valonia actualmente.

Sin hablar de la competencia entre los trabajadores que seguirá y llevará a una espiral descendente en salarios y protección social. No habrá más acuerdos colectivos federales que beneficien a todos los trabajadores, tampoco a aquellos de las industrias pequeñas.

A un nivel político, ideológico y organizativo

Más competencias regionales agravarán la distinción entre los trabajadores y sus organizaciones. En lugar de tender hacia una muy necesaria unificación de las luchas de los trabajadores a nivel europeo, atestiguaremos una división de la unidad de los trabajadores a nivel regional en Bélgica. Los sindicatos se dividirán y quedarán más débiles ante los ataques. En la historia belga el progreso social sólo fue alcanzado con la lucha y la unidad. Cada vez que la burguesía tuvo éxito en dividir a los trabajadores entre nacionalidades, las batallas fueron perdidas.

La idea de colaboración de clases en una base nacionalista crecerá. Habrá un periodo de agitación nacionalista exacerbada que puede destruir la conciencia de clases entre los trabajadores.

El distanciamiento de los trabajadores de las diferentes regiones crecerá aún más.

Por tanto, el Partido del Trabajo de Bélgica ha tomado desde el principio de su historia una posición firme contra la evolución federalista en Bélgica y ha trabajado por la unidad de la clase trabajadora y el pueblo belga.

Por supuesto, la democracia demanda que los derechos de las minorías sean protegidos en todos lados. Por tanto, el PTB demanda que la región de Bruselas sea extendida en base a la región socio-económica real de Bruselas. Dentro de esta región, un estricto bilingüismo debe ser respetado y promovido. Ambos idiomas deben ser enseñados en las escuelas. No puede haber ningún tipo de discriminación.

El PTB también apoya la demanda hecha por algunos círculos anti-separatistas de introducir una conscripción electoral federal donde los políticos que toman responsabilidades a nivel federal tengan que presentarse a sí mismos a los votantes de todo el país. Esto podría ser un arma contra la creciente demagogia nacionalista en los periodos electorales.

El PTB demanda también que todas las áreas básicas como la seguridad social, el empleo, la salud, la política salarial, el transporte, sean tratadas a un nivel nacional. La federalización ha causado ineficiencia, confusión y pérdida de dinero, junto con la división de la gente.

Al lado de los sindicalistas, el PTB se opone fuertemente a la regionalización de cualquier área de seguridad social y apoya la preservación de la solidaridad entre las regiones a través de estos mecanismos. La ley del trabajo y las negociaciones colectivas deberían quedar también a nivel nacional.

En lugar de hablar sobre el “flujo de dinero del norte al sur”, el PTB pone sobre la agenda los flujos inmensamente grandes de dinero de los trabajadores hacia los propietarios de capital. Durante los últimos 20 años, 10% de los ingresos han sido transferidos de los trabajadores a los propietarios de capital. Cada año, mil 500 millones de euros fluyen en exceso de los fondos de seguridad social a las multinacionales farmacéuticas, porque el seguro social belga paga demasiado por medicinas.

Si estos flujos o transferencias fueran detenidos, problemas como el envejecimiento de la población podrían ser resueltos fácilmente.

Para enfrentar estos problemas necesitaremos de sindicatos fuertes y una clase trabajadora consciente.

La contra-ofensiva ha comenzado. Una campaña muy amplia, “Salvemos la solidaridad”, ha sido iniciada por cientos de organizadores sindicales, quienes cuentan con el apoyo de muchos artistas bien conocidos, académicos, reporteros, escritores. La petición ha recogido más de cien mil firmas (1). Los dos sindicatos grandes han dado su apoyo total.

Los dos grandes sindicatos continúan declarando su oposición a una división en la política del mercado laboral, las negociaciones salariales nacionales y la seguridad social. Ellos ven correctamente cualquiera de éstas como un fast track para perder todos los logros de los trabajadores en el pasado. Están organizando una demostración nacional para el 15 de diciembre de 2007.

No hay duda de que esta iniciativa puede contribuir a cambiar radicalmente el clima y crear una ola de solidaridad que incluso los líderes políticos tendrán que tomar en cuenta.

Herwig Lerouge es redactor en jefe de la revista “Estudios marxistas” publicada en francés y holandés (www.marx.be). Es miembro del CC del Partido del Trabajo de Bélgica (www.ptb.be,www.pvda.be)
Fuente: redglobe.org

Date de publication : -0001-11-30